LA IGLESIA DE LA FRANJA DE LA MUERTE
Por HERMANN TERTSCHEnviado Especial a Berlín
ABC Sábado, 08.11.14
Veinticinco años después - La caída del Muro
Nadie que quisiera seguir vivo podía acercarse a este
templo en zona prohibida
Angela
Merkel comenzará mañana el día de la conmemoración de la caída del Muro de
Berlín con su presencia en el Centro de Documentación y Recuerdo, en la
Bernauer Strasse, que se inaugura después de una gran ampliación. Allí habrá
una ceremonia junto al Monumento en Memoria de la Ciudad Dividida y de la
Tiranía Comunista. La calle que da nombre al centro tiene una historia muy
especial. En las casas y aceras de aquella calle se hicieron muchas fotografías
que conmovieron al mundo en aquellos momentos más duros de la Guerra Fría, con
jóvenes y ancianos que se tiraban desde las ventanas de casas por cuya mitad
transcurría la división de sectores y el muro.
EFE/REUTERS
Unas 7.000 lámparas iluminan el
recorrido del Muro
MIJAIL GORBACHOV El expresidente soviético se encontraba ayer en Berlín para celebrar la caída del Muro.
La iglesia de la
Reconciliación, bonita y orgullosa construcción neogótica del XIX en el número
4 de la calle Bernauer del IV distrito de Berlín había sido muy dañada en la
guerra. A pesar de ello y con inmensos esfuerzos de unos feligreses privados de
todo en la durísima posguerra, fue restaurada y volvió a celebrar misas en
1950. Justo en el límite entre el sector francés y el soviético, de los cuatro
en que había sido dividida la capital alemana.
El 13 de agosto de
1961, los berlineses que querían acudir a la iglesia desde el sector francés no
pudieron acceder ya. Obreros escoltados por soldados fuertemente armados
completaban un muro de cuatro metros de altura que se lo impedía. Unas semanas
más tarde no pudieron ya llegar tampoco los parroquianos que vivían en el
sector soviético. Porque la iglesia había quedado dentro de la «franja de
seguridad» de varios centenares de metros que el régimen comunista había
impuesto a lo largo de todo el muro que estaba construyendo entre el sector
soviético y los tres occidentales. Y así conocieron los berlineses la franja de
la muerte que, de varios centenares de metros de ancha, no podía pisar nadie
que quisiera seguir vivo.
Más de veinte años estuvo la Iglesia de la Reconciliación
cada vez más sola en la franja de la muerte en la que paulatinamente el régimen
comunista había derribado todas las casas y ruinas de la guerra atrapadas en el
terreno fronterizo. Hasta que el régimen de Berlín Este anunció que debía
volarla. Porque quitaba visión de tiro ante posibles violaciones a la frontera.
Fue en 1985. Violaciones de esa frontera era el eufemismo para hablar de los
intentos de fugas de alemanes orientales a través de esta frontera o la
interalemana. Desde que se habían sofisticado las instalaciones con minas y
dispositivos automáticos de disparo, esos intentos de fuga a la libertad casi
siempre acababan en fracaso y muerte del fugitivo. Y la iglesia de la
Reconciliación quedó reducida a escombros. Hoy, una capilla recuerda aquel
destino.
Con esta ampliación
del Centro de Documentación, Berlín da un nuevo salto en su calidad como
capital de Europa de la memoria. Lo que obedece a una voluntad política y
cultural muy determinada. Con los museos de historia y judío, el Monumento a
las víctimas del Holocausto y la exposición permanente y archivo de la
Topografía del Terror sobre los cimientos de las sedes de la Gestapo y SS, la
capital alemana es una permanente invitación a la memoria histórica.
Fenómeno turístico
En estos días
ese esfuerzo se ha generalizado hasta convertirse en un fenómeno turístico. No
hay una plaza de hotel en toda la ciudad pese a la huelga de ferrocarriles que
acaba hoy. Y las calles, parques, fachadas, tiendas y centros comerciales
muestran videos y objetos evocadores del Muro, de la represión comunista y del
régimen de la RDA. Como con el nazismo, tampoco en el caso de los crímenes del
comunismo hay el más mínimo intento de obviar responsabilidades alemanas.
Cierto que fueron condenados muy pocos dirigentes comunistas. El que recibió la
pena más larga de siete años y medio fue su ministro de Defensa, responsable
directo de los asesinatos en la frontera. A Honecker se le dejó irse a Moscú y
después a Chile. Su sucesor Egon Krenz sí fue condenado a seis años y medio y
cumplió gran parte en varias cárceles. Pero aunque hubo quien intentó hacer
caer toda responsabilidad sobre la potencia ocupante, la Unión Soviética, lo
cierto es que aquello jamás fue aceptado. Estos fueron crímenes de alemanes
contra alemanes.
Denuncia del
totalitarismo
Berlín
cumple como ninguna ciudad del mundo en la denuncia de los totalitarismos
porque ha sido escenario de la gestación de ambos y de sus terribles
consecuencias. La educación antitotalitaria, es decir antinazi, antifascista y
anticomunista, como elemento esencial en la formación de los individuos, tiene
en esta ciudad las condiciones perfectas. Políticamente es muy claro hoy el
mensaje a los vecinos de Alemania. Si durante décadas se multiplicaron los
esfuerzos por tranquilizar a todos los europeos de este u oeste de que jamás se
toleraría en Alemania ningún brote serio de nacionalsocialismo, también hay un
mensaje de empatía y complicidad con todos aquellos países cuya experiencia
totalitaria más cercana y fresca es la soviética. Y cuyos temores hoy a una
amenaza rusa tienen su origen en las similitudes que ven entre ciertas
actitudes de Putin y las del Kremlin soviético.
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